
El no podía dejar de sentir inmensa atracción, hasta “enamoramiento” según él… Y ella aunque siempre sonreía, era plenamente indiferente. Le daba exactamente lo mismo si él la quería, la deseaba, o nada más le sonreía. Su presencia era apenas una más.
El empezó a soñar toda la historia de amor, un cortejo, un enamoramiento, un casamiento, hijos, familia, miles de momentos felices… Se levantó decidido y se dirigió hacia ella:
"Muy pocas veces me pasa esto, generalmente suelo ser muy exigente, pero no puedo quitarte la mirada de encima, como te habrás dado cuenta. Quiero invitarte a tomar algo, y bueno, conocerte."
Ella lo miró como si él le ofreciese un volante y sin decir nada, pensó para sus adentros, “gracias, pero no”.







